HISTORIA DEL TAXI (La Confianza)

El mundo de los taxis no es tan malo… como lo pintan.

Johannesburgo. Sudáfrica

25 de junio 2013

(La confianza)

LA HISTORIA DEL TAXI (y no es de Ricardo Arjona)

Esta vez el vuelo nos había dejado en Johannesburgo, Sudáfrica

En este sector del planeta, confluyen los humanos  de oriente con los humanos  de occidente, por el cual el escenario es un crisol de mezclas y vértigo para el recién llegado.

Cuando vivimos desconectados de nuestra esencia e instinto, el cerebro inmediatamente toma un patrón de información, que ya ha guardado previamente, y puede hacerlo  tomando el más cercano en semejanza, o el de un ancestro.

Es nuestro software cerebral, que se pone inmediatamente en funcionamiento para garantizar  la subsistencia.

Pero no garantiza la existencia plena.

De esa forma, ya nos sentimos seguros…

Así fue, que se activó en nosotros, el patrón de la pobreza, del ahorro y el no gastar…

Buscar lo más económico!!

Tantos patrones de información que hay alrededor de este tema!

Fue cuando reservamos ese hotel que quedaba, tan cerca de nada…

Ni cerca del centro

Ni cerca del aeropuerto

Así que, lo que no logras equilibrar en tu vida… el Universo lo hará por tí!!

Cómo?

Llevándote que experimentes el mundo de los taxis!!

Sabemos lo que significa tomar un taxi en un aeropuerto…

Siempre, pero siempre llegas cansado…

Otro idioma

Otra moneda

Aparece aquella persona  que te ofrece el servicio con un cartelito cuando llegas.

El que te abre la puerta.

El que conduce

Todos vivirán de tu paga.

Aquel taxista que nos llevó, se detuvo en un cruce de rutas y por su gesto y mirada a través del espejo retrovisor, di por entendido que habíamos llegado.

Bajamos nuestras mochilas de la cajuela y arrancó dejándonos en una polvareda.

A medida que la misma se disipaba, podíamos  ver nuestro entorno, y confirmar una vez más que estábamos perdidos.

Perdidos en África.

Todo lo que había allí era una estación de servicio prácticamente vacía y un paredón con un gran portón.

Tocamos timbre y el mismo se abrió…

Detrás de un mostrador, tres mujeres negras con sus coloridos cuchuflos en el cabello, nos recibieron muy sonrientes y alegres.

Habíamos llegado a nuestro hotel, exhaustos y aún recuerdo esa maravillosa energía femenina de contención que nos brindaron, y que yo tanto necesitaba.

Caía el sol, enorme y naranja sobre el horizonte y nada había alrededor…

Por suerte Susy tiene la habilidad de pasar siempre alimentos por los controles de equipaje en los aeropuertos y esconderse un poco de la comida que te ofrecen en el avión, por un “por las dudas” que ella, ya se encuentra acostumbrada.

Y en aquella dudosa habitación de hotel, logró decir…

– “La mesa está servida”

Finalmente nos venció el sueño.

Por la mañana, aquellas tres mujeres se reían constantemente cuando yo trataba de hablarles en un primitivo ingles… no sé bien que les decía, pero evidentemente sería gracioso.

Y en aquella cocina y comedor, nos preparamos los desayunos…

Y lo dimos por terminado, cuando generé una gran explosión ignorando que no se deben poner los huevos con cáscara en el microondas…

Finalmente… Salir a la aventura.

Todo lo que había en ese cruce de rutas aparte de nuestro querido hotel, era una estación de servicio…

Y nosotros sin auto.

Dentro de ella, en el fondo, había una persona con una cofia en su cabeza, que se la veía muy feliz en sus labores. Cocinaba pizzas…

Parece que esta noche… cenaremos pizza.

Gran parte de la mañana estuvimos allí…

Esperando que algo nos lleve a la ciudad.

A esta altura el señor de la cofia nos miraba como buenos amigos, y estaba convencido y yo también que al tomar conciencia de nuestro entorno seríamos futuros clientes.

Finalmente, llegó lo que estábamos esperando…

Un taxi se detuvo a cargar combustible…

Su conductor descendió.

Alto, delgado y de tez negra se movía grácilmente…

Como movido por una música que yo no podía escuchar.

Era una persona común y corriente… seguramente.

Pero las circunstancias hacia que mi imaginación lo viera como  un salvador en su caballo alado.

Mientras masticaba una porción de pizza nos saludo con un gesto…

-Nos puedes llevar a la ciudad?. Le dije

-Si es algo lejos. Me dijo

-Si lo sospeche, le dije.

Son mis patrones de pobreza, me dije

Ya estábamos en ruta y por la ventanilla de aquel taxi, fueron las primeras imágenes que tuve de un continente. África.

Finalmente llegamos a Gandhi Square como destino, un destino que creo que el taxista eligió.

Al momento de pagar el viaje, siempre surge la incertidumbre que cada viajero o usuario de taxi tiene…

Conocer su valor…

Y aunque tomes otro taxi con iguales destinos, los valores nunca serán los mismos…

Como si los números fueran influenciados por la intención del conductor.

Mayor incertidumbre le agregamos en un país como Argentina, un país con gran inflación,  que en la época en que el taxímetro, aquel aparatito que cuenta tu vida, no era digital, sino analógico, hacía que  por medio de un ignoto mecanismo, se caigan las fichas, que luego te llevaba a una  descolorida tabla de conversión que el chofer consultaba para poder traducirlo a dinero.

Siempre por acción o circunstancia el entorno de los taxistas fue teñido de dudas sobre su honestidad.

Pero volvamos al momento del pago.

Los Rands Sudafricanos  y las conversiones habían logrado que entre el costo del viaje y el dinero que teníamos no fuera posible un pago con cambio…

La mejor idea que tuve fue dejarle pago el viaje de regreso!!

La confusión y mi estado de alerta bajo, acrecentado por una desconexión idiomática me habían hecho caer en el engaño del mundo de los taxistas.

Cómo pude ofrecer eso?!!

A quien se le ocurre dejar pago un viaje en taxi, en pleno centro de una gran ciudad, si ya sabemos sobre la honestidad de estas personas!

Habíamos acordado encontrarnos 6pm, debajo de aquel monumento de esa gran plaza.

Una verdadera utopía.

Aquella tarde, durante el paseo por las calles de Johannesburgo, constantemente, un diablillo rojo con su vocecita me decía al oído que era un estúpido, mientras que en el otro oído una voz más dulce me decía que estaba bien porque había confiado.

A medida que avanzaba la tarde, poco a poco nos acercábamos a aquel lugar de encuentro.

Y aumentaba aún más las sospechas que esa decisión no fue de las más inteligentes que había tomado.

Mi estupidez se estaba confirmando…

A las 6pm salen de sus oficinas y lugares de trabajo, casi todos los habitantes del centro financiero de Johannesburgo, así que, ahora había mucha más personas por las calles, muchas de ellas esperando un taxi libre, que las llevara, sin conseguirlo, y este pobre iluso, el que suscribe esperando encontrarse con una ilusión.

Para peor, debajo de aquel monumento que habíamos acordado, no se podía transitar y mucho menos estacionar.

Esto va a ser difícil…susurre en voz baja.

Y le pregunto a Susy:

-Vos recordás como era el taxista?

-Si, flaco, alto y negro, me dice

Cuando observo con más detenimiento, esas características no eran para nada particulares.

Miles de personas son negras, altas y delgadas.

Así que la situación era tal:

Debía pedirle al Universo que un taxista, en hora pico, donde todos quieren tomar un taxi, nos reconozca a nosotros, porque yo, no podía reconocerlo a él, bajo un monumento, el cual no se podía acceder.

Y caminando con la cabeza gacha, abriéndonos camino entre la multitud, intentamos llegar a ese bendito monumento… ícono y mojón de mi estupidez.

Por supuesto, no había ningún taxi..

Con sorpresa, una persona flaca, alta y negra levanta los brazos para que lo pueda distinguir…

Le pregunto a Susy

-Ese es el taxista?

-Si puede ser porque es  flaco, alto y negro.

Si allí estaba esa alma cósmica que me confirmaba que el confiar es un buen atributo del hombre…

Estaba parado ahí, sin su taxi…

Porque no había podido detenerse bajo el monumento, y luego caminamos juntos por unas cuadras donde había logrado estacionar.

La vocecita del diablo rojo se cayó, y no lo he vuelto a escuchar.

Mientras avanzaba la tarde, cientos de personas esperan un taxi para regresar a su hogar, y nosotros íbamos con nuestro amigo a encontrarnos con aquel cruce de rutas donde comenzó toda esta historia.

A la noche cenamos pizza.

Jorge Proazzi

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