AMIGOS DE LAS VACAS

Algunos momentos compartidos

En ruta

Fecha: Comenzamos a bajarnos los barbijos

Amigos de las vacas

  1. Toscana.

“La ignorancia del daño”

El mundo comenzaba a abrir las ventanas para recibir aire puro.

En aquel entonces era  el segundo viaje en nuestra autocaravana.

Y buscábamos naturaleza para bajarnos los barbijos  en Italia mientras en Argentina seguía un distanciamiento sin fin.

En el medio del campo aparcábamos sobre la hierba, para descansar un poco, mientras Susy hacía la colada.

Estábamos sobre el césped, sobre la hierba, sobre los pastizales iguales a todos los que pisé desde mi infancia, a un costado del camino.

De donde vengo se llama banquina.

Hasta que por la tarde paso un señor amenazando llamar a la policía.

Mi cara de incomprensión hizo que se acercara imprudentemente rompiendo el distanciamiento que estaba de moda.

Aquí no hay banquinas

Aquí no hay alambrados para saltar

Aquí la hierba tiene un dueño celoso y  el césped no se comparte.

Por supuesto que no era una plantación, puedo reconocerlas a lo lejos.

En mi barrio hay gauchos en la Pampa y sabemos cómo es un campo.

En aquel entonces solo vi una maleza.

Luego comprendí, que esa maleza  se deja crecer para que luego recolectada sea el almuerzo de las vacas.

Aprendí a mirar por debajo de las suelas de mis zapatos.

Presté atención que detrás de mí, la maleza quedaba aplastada, marcando el tracking de mi recorrido.

Me agaché para tocarla, y la sentí herida.

Me sentí culpable.

A veces, la inconsciencia de nuestros actos deja cicatrices más profundas de lo que imaginamos.

Dejamos ir al señor, y preparamos nuestras cosas, con el ritmo necesario para generarle incertidumbre de nuestra partida.

Estoy seguro que volvió por la noche.

Pero por las dudas antes  nos fuimos…

Sintiéndonos más amigos de las vacas

Jorge Proazzi

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